lunes, 30 de diciembre de 2019

Verano































Recuerdo los veranos cantábricos de mi infancia. Apenas terminaba el colegio íbamos a Santander con la neverita portátil llena de provisiones. Las ocho o diez horas que duraba el camino, ya no recuerdo bien, se llenaban con Biodramina, canciones, caramelos de miel y cotufas. Los presumibles 36 grados de Madrid iban dando paso a unos agradables 25 al pasar por el Puerto del Escudo escuchando a Los Panchos o Chavela. En los últimós años, Schubert y su adaggio.
Y luego el verde, el olor a mar, las comidas en La Chulilla y Serrano... La imprescindible excursión a Ogarrio pasando por el Puerto de Alisas.

Ahora son mis hijos los que cambian cada año el verde por otras tierras menos fértiles en el caso de Madrid, u otras incluso más ricas como es el caso de Galicia.
El 25 de Julio comenzó el festival de abuelos y primos, de la mejor cocina, de piscinas y viajes y recuerdos, ya inolvidables.

El verano es ahora distinto y no puedo dejar de pensar en cómo lo vivirán ellos, cómo lo grabarán en sus retinas, cómo dejarán parte de lo que fueron en esos días de calor y fiesta, en aquel país que ya no reconocen como propio y sin embargo les devuelve aquello que casi olvidaron al marchar.