sábado, 14 de abril de 2012

Más que nadie nunca












Con un día de retraso por cada año que ha cumplido, por fin tengo un momento para hablaros de  Gael, de su cuarto cumpleaños y de cómo se ha convertido en superzagal.
Me dijo "mamá, yo para mi cumpleaños quiero una camiseta de spiderman y un pantalón de spiderman y una gorra de spiderman y unos zapatos de spiderman que tienen luces y saltan hasta el cielo, así mamá (mi niño levanta sus bracitos), así mira mamá. Hasta el cielo". Y mi niño tuvo desde vasos hasta calzoncillos de Spiderman. Incluso un disfraz que venía con su relleno imitando a músculos y que despreció porque decía que le quedaba grande mientras se tocaba los abultados pectorales. "Que Spiderman no tiene músculos mamá y que yo quiero un disfraz sin músculos"
Gael habla a veces con la gravedad de un notario dando fe de un testamento, otras lo hace de manera dramática, desde "mamá límpiame el culo" hasta "dame una patata", dejándose la vida en cada palabra. Otras, provocador, busca la respuesta rápida acompañando sus frases con unos ojos de pillo que sólo con mirarle te dan ganas de hacer lo que pida e ir a perseguirle al fin del mundo si hiciese falta. Pero de todas las maneras que tiene de ser y de hablar el Gael que más me gusta es el que me responde entre tímido y orgulloso cuando le pregunto ¿Quién te quiere a tí?, "Mamá, más que nadie nunca"
Mi pequeño es un superzagal disparatado, tierno, caprichoso a ratos, precioso, adicto a la ropa y complementos, que cambia su modelo unas cinco o seis veces al día. Es adorable y generoso y de pronto un petardo que llora por la tontería más grande, pero detrás de todo y antes que nada es absolutamente mágico, desde su primera ecografía hasta ahora mismo, que le quita a su hermana de las manos un pegamento para que no se haga daño y viene a contarme historias maravillosas de coches, con sus zapatillas de Spiderman, con sus cuatro años, con todo el amor que es capaz de contener en su cuerpecito.
Feliz cumpleaños mi niño precioso. Te quiero, más que nadie nunca.

domingo, 8 de abril de 2012

Holaaa tataaaaaaaa










Naia llora desconsolada en el suelo mientras agita sus brazos con indignación y contundencia reclamando atención.
Chilla como un pequeño gorrinillo y golpea su frente contra lo que más cerca tenga; la pata de la silla, de la mesa, un juguete, una pierna y, si no hay nada, dobla su cuerpecito hasta que da con el piso la frente. Entonces vas, la coges y, como por arte de magia, la rabia y las lágrimas son sustituídas por un "Hola tataaaaaa" y ya todo vuelve a ser alegría. No he visto jamás un ser tan agradecido como ella ni que se contente tan rápida y plenamente.
Mi pequeña triponcilla sigue sin gatear y creo que ha decidido que lo de andar puede esperar también mientras pueda seguir doblando sus rodillitas ahora para un lado, ahora para el otro, y moverse a su antojo por la casa arrastrando el culo por doquier.
Está hecha toda una señorita que come los gusanitos o aspitos suavemente, normalmente con dos deditos, como si se tratase de un delicado manjar. Lo coge, lo mira y lo mete en la boca y con una sonrisa deja que sus siete dientes den buena cuenta de él y antes de terminarlo ya tiene otro en la mano para continuar con la ceremonia. Es tan dulce todo lo que hace...
Y ríe, ríe y ríe y sigue desprendiendo esa luz mágica que lo hace todo fácil, que lo convierte todo en felicidad, todo en alegría.
Gracias pequeña por ser tan increíblemente maravillosa.

sábado, 10 de marzo de 2012

Gael en marzo

Estaba esperando a que llegase el buen tiempo para ponerse, por tercer año consecutivo, su uniforme "de español". Así que hoy, que hacía bueno y había barbacoa, tíos y primo Nico gallego, ha decidido que era el día ideal para estrenar la temporada primavera-verano. El conjunto le ha quedado raro pero a él le da lo mismo porque ha estado toda la tarde jugando a ser un crack, de la mano del tío Lucas, que hoy tenía a sus dos pequeños aprendices juntos y a su servicio.
En este último mes, cumple de Naia de por medio, en el que han ocurrido tantas cosas, alguna muy mala, como el ingreso de David por la meningitis, he pensado mucho en cómo es nuestra vida. Estoy, aunque ya lo estaba, cada vez más convencida de que los mejores días de mi vida tendrán lugar en estos años, en los que ellos están aprendiendo a ser y yo tengo la suerte de acompañarles.
Para mí, cada caricia suya es un regalo, cuando me coge la mano y me dice ven mamá, vamos a hablar y me cuenta historias disparatadas e increíbles, tremendamente inocentes, y veo cómo su vocabulario crece cada día y se emociona cuando algo le gusta y lo hace todo tan bello...
Cuando me asomo a esos ojazos limpios y soy capaz de leerlos y sorprenderle y él me corresponde con vaharadas de ternura, como diría mi abuelo.
Es un niño maravilloso y espero que ese caparazón tras el que a veces se oculta, vaya desapareciendo poco a poco para que al final pueda ser él, sólo él. Con toda su luz. Con toda su magia.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El primer año de Naia




Hace un año exactamente no podía dejar de mirar a esa perfecta criaturita que había nacido apenas dos horas y media antes.
A las siete de la mañana comenzaron las contracciones. Fuimos al hospital pero nos mandaron a casa, así que nos fuimos a casa de Paula y, creo que no llegó a una hora después, de nuevo al hospital, de donde ya no nos echaron. Eran cerca de las tres de la tarde. Pasé un rato malo hasta que llegó la epidural, después todo como la seda. Riéndonos de nombres absurdos, aguardando el momento.
Rompí aguas y todo lo demás fue muy rápido. Ella quería salir rápido, tan rápido que casi no nos da tiempo llegar al paritorio y una vez allí, todo fácil y emocionante. Desde que salió todo con ella ha sido fácil y emocionante.
Jamás pensé que la iba a querer así, que iba a llenar de tal modo mi vida y que se iba a convertir en aquello capaz de compensar todo el mal, por grande que sea.
Esta niña es todas las cosas buenas y hermosas. Mi lugar en el mundo, al que querré volver cada siete de marzo y revivir cómo llegó a mi vida y cómo la ha hecho brillar todos y cada uno de los días que hemos compartido y compartiremos.
Feliz cumpleaños mi niña y gracias por hacerme tan, tan feliz.

sábado, 11 de febrero de 2012

Adiós al bebé






Cada día, ese niño pequeño que se dejaba mecer, abrazar y besar, esa pequeña criatura tierna que pedía tetete y se volvía loco por una papapa, está más lejos. Ya es mayor, ya se fue, casi del todo, mi bebé, aunque sé que detrás de todas esas cosas que le hacen parecer mayor, aún puedo encontrarle.
Hoy, después de mucho tiempo, hemos comido lo mismo que aquel día en el fuimos al hospital porque Gael debía nacer. Ya han pasado casi cuatro años y me parece increíble. Maneja el ordenador con más soltura que yo, habla como un loro mentirosillo con una fantasía desbordante. Es tajante, muy tajante en sus ideas y voluntades, caprichoso a veces hasta el extremo y otras sorprendentemente generoso.
Y lo más grande para él en este mundo es su padre. Por encima de todas las cosas, lo que más feliz le hace es pasar el tiempo con él. Y David -entre niños se entienden- encantado.
A mi me ha tocado el papel de madre bruja que le obliga a comer, a bañarse, a dormir... Que le dice esto no, y esto tampoco. Y él recurre a su papi que inventa para él historias disparatadas que acaban con su rabia y con su pena.
Cuando les veo hablando, casi de igual a igual, me imagino cómo será cuando él sea padre y pienso que entonces, detrás quizás de las canas y de los años, le veré como si él fuese su propio hijo, y al tiempo en su versión adulta, convertido en su padre. Y detrás de ambos a mi bebé, que me descubrió que lo más hermoso de la vida y la auténtica felicidad empezaba cuando nació.

martes, 7 de febrero de 2012

Así es Naia










Come hasta la última miga de sus aspitos y se chupa uno a uno sus dedos. Luego termina su generosa ración de puré y un yogur de postre. Nos miramos satisfechas. Así da gusto.
Ya desde la tripa sabía yo de su buen comer, de su adorable carácter y de su, en ocasiones, volcánico genio. Esos ataquitos iracundos en los que chilla como si le fuese en ello la vida y luego acaba todo en una sonrisa y un hola de donde nace toda la alegría de este mundo.
Lo sabía todo de ella, su manera de mirar, su olor, el color de sus ojos y la manera exacta de tocarme y quererme. Sabía cómo serían nuestros abrazos, qué canciones le cantaría y cómo le acariciaría su pelito mientras mama.
Pero de todas las cosas que sabía e imaginaba me quedaba corta ante esa manera increíble que tiene de hacerme feliz.
El factor sorpresa ha sido ser aún más maravillosa de como la imaginaba y lo asombrosamente vaga que es. No hay dios que la haga gatear. La sientas, porque sola aún no sabe o no quiere, y ahí se queda como una reina hasta que decide explorar. Entonces comienza a culear, a estirar una pierna, luego la otra, hasta que consigue moverse y va así, despacito, sin separar su trasero del suelo, y alcanza su objetivo. Si cae para atrás ya no se mueve. Si la pones boca abajo en posición de gateo, llora y no para hasta que no consigue darse la vuelta. Creo que no será tampoco ella gimnasta. Aunque nunca se sabe. Tampoco le gusta ponerse de pie, se pone de puntillas y entonces hay que dejarla porque le podemos hacer daño en sus piecitos. Y de vuelta el culo al suelo, como a ella le gusta.
Eso sí, aunque aún no sale de su Hola, su papá y su No ta/ta, descubriendo con sus manos su carita, proque Mamá parece que se le ha olvidado, se pega unas parrafadas increíbles consigo misma en clave de Taahtahaha thahah taha babama tataba papapatatateta. Será conferenciante.
Será la más linda, la más especial.
La niña de mis ojos.