miércoles, 29 de julio de 2026

La década prodigiosa








































Justo hoy, hace diez años, cambiamos nuestra vida en España por Inglaterra y un futuro tan incierto como inevitable.

Me gusta de pronto pensar en este proyecto como si fuera una especie de diario al que volver para hablar conmigo misma a través del tiempo, para dialogar con mis hijos y quién sabe si ayudar a otras personas buscando sus propias preguntas o respuestas.

El 29 de agosto de 2016, mientras me despedía de mi casita y mis perros, que hasta algo después no pudieron venir, subiéndonos al coche para ir al aeropuerto, mi hermana, mucho más bruja de lo que se cree, me dijo “No vas a volver”. Llorábamos ambas conscientes de que así iba a ser. De alguna manera, absurda entonces porque no era ese el plan, teníamos la certeza de que yo ya pertenecía a otro lugar.

Cada paso que he dado en mi vida lo he hecho desde ahí, siguiendo un lugar físico que me dice dónde quedarme o cuándo irme. Es mi cuerpo al servicio de mi alma.

Nuestra vida en esta década ha sido un prodigio y me siento bendecida, entendiendo por primera vez en su auténtica dimensión, el significado de esa palabra.

Yo creo en la magia de lo inexplicable y llevo toda mi vida dedicada a intentar comprender a la sociedad, la incoherencia en la que la gente se empeña en vivir y buscar soluciones factibles para que dejemos de dañarnos y empecemos a amarnos sin miedo ni vergüenza. Porque la respuesta siempre es el amor, el de verdad, ese en el que siempre quieres lo mejor para el otro, sin importar cuanto te duela que la elección no trate de ti y respetas la vida ajena tanto como la propia.

Llevo una vida entera al servicio, en primera línea de batalla a través del trabajo social y de la durísima industria de los cuidados y de servir durante 13 años a la función pública en el mundo de la Cultura institucional, en la que creo profundamente, y cuya razón para irme fue, en parte, motivos de conciencia.

He estudiado e investigado incansablemente sobre la mente y el comportamiento humano y los procesos del alma.

Jamás he pertenecido a ninguna sociedad o religión y sin embargo soy profundamente espiritual, rozando la mística. Soy cristiana y budista y siento que mi vida rebosa abundancia y sentido. No siempre ha sido así pese a mi increíble suerte y mi inagotable optimismo.

La mujer que llegó rota a aquel aeropuerto en un viaje bien surrealista brilla ahora y le da fuerzas a aquella valiente que cruzó el charco del miedo con su vida en cinco maletas y sus tres hijos de la mano, donde les llevara la vida.

David nos esperaba en un nuevo hogar que rebosaba amor.

Qué magia la del tiempo que permite que todo siga intacto por más que haya desaparecido.

Hoy doy, más que nunca, gracias a la vida, que me ha dado tanto.