viernes, 26 de junio de 2026

Salir de uno para volver a uno




















A veces es necesario desensimismarse para entender la verdadera dimensión de lo que uno es. Tener la valentía de explorar lo desconocido para volver más sabio, más responsable, contándose, como en una suerte de aventura narrada, todo lo que aprendió durante la odisea, y abrazarse, celebrarse, sentirse libre de toda carga, ya en casa, seguro, bienvenido. Sentirse orgulloso de la propia existencia y de cómo, mejor o peor, ha ido navegando su vida para defender lo que es ante el mundo, para proteger y honrar lo que representa, lo que ama.

Yo tengo un sol en el pecho. Uno que me guía, que me va obligando a que cada palabra, cada acto, cada pensamiento, sea sincero. Uno que me expande y hace que cada día sea el mejor de mi vida por más triste que haya sido, porque es el único. Mañana ya veremos.

Vivo, y estoy enseñando a los niños a vivir, en el presente. Estoy ayudando a mucha gente a encontrar el suyo y a partir de ahí acompañarlos para que siempre celebren o aprendan de lo que venga, sea lo que sea, porque después de todo, queda lo que necesitaba quedar de nosotros. A veces más, a veces menos. Lo que quede es lo que tenía que quedar. Y si crees que la vida no ha sido justa, cambia, busca esa justicia que dices merecer, a ver dónde te lleva.

Junio ha sido exactamente el reflejo de esto para nosotros. La vida poniéndonos a prueba una vez más y nosotros respondiendo con dignidad, valentía, responsabilidad y amor. Por nuestra parte ya está todo cubierto.

Que venga lo que tenga que venir. 
En todo caso: Happy birl!!

domingo, 31 de mayo de 2026

Toros y toreros



















































En mayo me he visto de nuevo en el ruedo, con el miedo de cara y la sensación de no controlar absolutamente nada de mi destino.

Así deben sentirse los toros en el albero, donde ni una sola alma quiere salvarle la vida. Incluso si ganara la injusta batalla, acabaría igual de muerto y deshonrado además de villano.

El toro no puede elegir nada salvo defenderse o rendirse.

Una vez más mi padre me llevó a esa plaza que tan poco me gusta, la de sentirme desposeída de todo poder, a merced de la marea.

Aproveché para recordar todo lo aprendido en los últimos años, a reconocer el valor de las oportunidades cuando asoman y no desperdiciarlas nunca, sobre todo si el contrapeso es el miedo.

He conocido a gente maravillosa y reconectado con personas de mi vida que me importan mucho y permanecerán en mí para siempre.

De una de las fotos que le hice a mi padre mientras estaba en el hospital, me dijo que parecía un torero. Unas horas más tarde entraría en coma para recuperarse milagrosamente, una vez más, y acabar mejor de lo que estaba antes de este episodio del que yo concluyo que al final ha sido un regalo porque me ha permitido disfrutarle unos días y con él a mi hermana y la legión de gente que nos rodea y quiere.

A la vuelta un poco de todo y muchísimo calor para despedirnos del mes por todo lo alto, con una barbacoa en familia. Un privilegio tan grande como el de tomar conciencia de que, como mi padre, también soy un toro, mucho más que torero, y que no importa por dónde venga la suerte. Como él, yo también voy a salir siempre por la puerta grande.