sábado, 31 de enero de 2026

La loteria





































Prácticamente todo el mundo sueña con que le toque la lotería. También yo, que compro a menudo con una ilusión desmedida pensando en qué haría con toda esa abundancia. La lotería entendida como una enorme cantidad de recursos que caen -ojalá- cuando más lo necesitas donde más lo necesitas, dejando "por fin" espacio para algo fuera de lo material.

Yo lo tengo ya honrado, repartido, invertido y celebrado y cada vez siento que estoy comprando el billete premiado. Absolutamente todas las veces. Y bromeo, siempre con la misma persona con quien compruebo si ha habido suerte o no, acerca de todo lo que le daría si me diera la alegría de que lo está  Ella se ríe, y dice que tiene la maleta preparada en el almacén. Yo le digo cada vez que ponga más cosas, que no nos ha tocado porque no pide lo suficiente, que hagamos el sueño más grande, que no nos toca porque lo que nos espera es todavía mucho mejor que aquello que creemos merecer. En esos instantes, no más de dos minutos, ambas somos tan millonarias que rebosamos y nos brillan los ojos cuando nos miramos y nos encontramos en ese breve fragmento donde todo es posible... ¿Te imaginas si ocurriera, si todo aquello que deseas se hiciera realidad?

Yo estoy determinada a cumplir hasta el último de los míos y me encantaría ayudar a cuantas más personas mejor a cumplir los suyos pero el caso es que si le preguntas a alguien qué quiere de verdad, si, automáticamente, pudieras concederles sus deseos mas profundos, la respuesta que encontrarás por lo general será silencio y duda o una gran confusion repentina porque en muchos casos se lo preguntan quizás por primera vez de manera consciente. 

Yo les invito a que visualicen su vida como si fuera una película que quieren contarme, les pregunto qué me dirían en su lecho de muerte para trascender con una sonrisa profunda y eterna, como si se hubiesen atrevido a vivir sin miedo y todo les hubiese salido bien, o a su gusto.

La sugerencia que sigue es que hagan lo que puedan para que la persona que muera sea esa que han visualizado. Tienen toda la vida por delante para conseguirlo y seguramente la escena final sea muy distinta a la imaginada, pero lo importante es que la sensación sea la misma, la de saberte un billete de lotería, uno que llevamos en las manos desde que nacemos y que desde el principio estuvo premiado aunque no te dieras cuenta hasta el final.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Kintsugi






































Hace algunos años descubrí con asombro el arte del Kintsugi, una técnica japonesa centenaria que reconvierte la cerámica a través de sus heridas con oro, normalmente, aunque también plata o platino para mostrar el poder de la sanción, de la reparación. A veces, por mas rotas o inservibles que parezcan las cosas, únicamente necesitan ser apreciadas, que alguien vea en ellas un sentido que nadie mas vio. 

No imagino qué llevó a la primera persona que lo hizo a hacerlo. Recoger unos pedazos rotos de cerámica y decidir reconstruirlo y atesorarlo por más imperfecto que fuera, honrándolo de esa manera. Entendiendo el valor mas allá del precio.

Cuando uno es capaz de entender el valor de algo mas allá de su precio, se convierte automáticamente en millonario. Comienza a nadar en la abundancia porque la riqueza está en sus ojos, en su corazón, y lo que sea que mire lo hará apreciándolo sin la necesidad de poseerlo, es decir, de pagar el precio que otros deciden ponerle. Sólo quien entiende el valor de las cosas puede, de verdad, pagarlas. El resto, simplemente hace una transacción de dinero o de tiempo. A cambio de nada en realidad, porque nada obtiene quien paga un precio sin entender el valor de lo que compra. Sea lo que sea que crea que está comprando. 

Comencé el año rompiéndome en pedazos, como si estallara un jarrón que mi estirpe ha conservado durante milenios, para que los siguientes puedan disfrutarlo. Y de pronto yo la rompo, entera, esa cerámica. Despedazada, muerta. 

El Kintsugi me ha enseñado a convertirme en oro a través de mis grietas, a repararme, a recordarme, a volver a apostar por lo que amo, soy y defiendo. Para que los siguientes recojan lo más valioso: entender que uno es lo que ama y lo que honra. Y que merece la pena reconstruirlo las veces que haga falta, aunque acabe siendo algo completamente diferente. 

El resultado es haber podido descubrir no sólo mi belleza y el milagro de la vida de nuevo, sino entender por qué valía la pena conservar ese jarrón y por qué hay que hacer lo que sea por reparar siempre el daño. Las veces que haga falta mientras el recipiente sea lo suficientemente valioso, por más que cambie a través del tiempo.

Lo peor que puede ocurrirnos es que acabemos siendo sólo oro.