El 13 de enero de 2019 caía por un pozo ilegal en Málaga Julen Roselló, un niño de dos años al que rescataron 13 días después sin vida.
El país entero se movilizó tratando de buscar soluciones y asistió en directo, retransmitido casi 24 horas al día, al posible milagro.
Pese a que parecía imposible, hasta el último momento, todo el mundo mantuvo la fe. Abrazó la unidad y la esperanza.
A lo largo de esos 13 días, decenas de personas, incluyendo niños de los que nunca sabremos sus nombres, morían o “desaparecían” en el Mediterráneo intentando llegar a Europa. Muchos cientos de niños más morían a causa de la desnutrición en distintas partes del planeta. Cientos de niñas violadas.
Han seguido amontonándose los cuerpos, unos encima de otros en el olvido, en los despachos de los que mandan.
La falta de clase política, la tibieza y la cobardía de mi país me avergüenza una vez más en un momento en el que todo parece importar más y menos que nunca. Pero a mí ya no me caben más muertos en el pecho. Ni más gente sin casa, arrojada a un mar de desidia institucional.
Gracias a Dios queda gente con alma. Personas que son capaces de dejarlo todo por defender aquello en lo que cree, que sabe que uno solo tiene lo que merece si es capaz de luchar por ello y defenderlo porque, lamentablemente, hay algunos que creen que tienen más derecho que tú a la paz, la dignidad, el alimento, el hogar o la vida.
Gracias a Dios la gente que camina a mi lado siembra conmigo bondad, solidaridad y compasión. Qué honor y qué privilegio semejantes compañerxs de viaje.
Gracias por permitirme ser luz entre tanta sombra que se cierne.
El pozo
A Elsa
Si la vieras con sus ojitos cerrados hecha un ovillo…
La piel pálida y perfecta, los labios como a punto de dar un beso.
La barriga abultada sobresale por debajo de la ropa y
la redondez de su ombligo es el colofón del milagro.
De aquel granito de alpiste nació un colibrí.
Si la vieras, con su pelo castaño y sus coletas,
si hubieras podido escuchar cómo ríe, la verdad que guardan sus manos
—sus manos como penínsulas donde todo es música—.
Si hubieras sido testigo de lo firme y tierno de sus pisadas.
Nadie está preparado para el abismo.
Si vieras a la madre atravesándola de amor,
desplomándose a sus pies la desidia de lo cotidiano,
desapareciendo cuanto quema
con solo tocarla, olerla, respirarla.
Un ritual de amor al que obliga la especie y la sangre.
Latir con ella, amamantarla, celebrarla y anteponerla siempre.
Quién te prepara para el abismo,
para el drama del mar y la patera,
para los labios morados,
el pecho inmóvil,
el corazón roto.
No puede ser real el mar,
irreal la orilla,
posible la guerra de la que huyen.
Y se llena el mar de hijos
que acaban inmóviles
con su cara en la arena.
Otros en el fondo marino,
invisibles, descompuestos,
olvidados.
Ellos son también mis hijos,
a todos les abrazaría,
pero desaparecen antes siquiera
de poder pensarlos.
Nadie al otro lado los acoge.
Desaparecen como arrojados en un pozo.
Malditos los pozos
por donde caen nuestros hijos
y nosotros con ellos.
Los pozos; esquivados,
maldecidos.
Doble el puñal.
Son las siete de la mañana,
mi hija duerme ajena a tanta pérdida.
Galopa su pecho en mi oído.
Lloro, agradezco.
Sólo un niño tuvo nombre.
El pozo se llama España.







































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