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miércoles, 21 de diciembre de 2022

Wales































A lo largo de mis 42 años he ido conociendo gente maravillosa. Algunos desaparecen unos años y luego vuelven. Algunos no vuelven jamás pero aquello que vivimos juntos permanece imborrable pese al paso del tiempo. 

Me siento enormemente afortunada y conservo a mis mejores amigos de todos los sitios que han marcado mi vida desde la guardería. Prácticamente toda la gente que ha sido importante para mí permanece. Y eso es un tesoro. Mis amigos son un tesoro.

Este año he podido disfrutar mucho de algunos de ellos. Nunca tanto como me gustaría, pero siempre de manera muy intensa. 

Entre nuestros amigos, lo que conocimos ya estando juntos David y yo y con quienes hemos pasado algunos de los momentos más divertidos y maravillosos en los últimos 18 años, están Juan, Raquel y las niñas, a las que conocimos siendo muy pequeñitas. Con ellos hemos pasado navidades, veranos, viajes y fines de semana memorables. Somos Le pichón al pozal. Otro de nuestros tantos sinsentidos.

Les queremos, nos quieren y este verano en Gales hemos sumado otro triunfo más a la alforja de la memoria. Unos días inolvidables que espero no tarden en repetirse.


martes, 14 de febrero de 2017

Variaciones sobre el instante eterno

Pasa tan rápido el tiempo y, a la vez, es todo tan estático; quiero decir: cada día es inevitablemente distinto al anterior, pero, al final, todo se resume casi a lo mismo, o así lo siento. 

Tantas maneras de encarar una vida, tantas maneras de buscarse y sumirse en quien uno es, pero todas, en el fondo, tan iguales. Las mismas esperanzas, las mismas miserias manando de cada uno, que nos convierten casi en una misma cosa.

Qué mas da en Yuncos, Cambridge, Canadá.... quizás nada cambie aunque cambie casi todo.
David siempre me dice que, muchos años antes de conocerme, escuchó a mi abuelo en una entrevista decir que por mucho que pasase el tiempo, él siempre se reconocía, él había sido siempre el mismo ante el espejo. Podía ver fotos antiguas de sí mismo que le extrañasen pero siempre se reconocía.


Hoy he releído algo de lo que escribí cuando comencé este blog, cuando cambié del de Gael a este para dar cabida a Naia. Durante estos siete años —casi diez desde que empecé a escribir en el primero— solía entrar para ver las fotos o para recuperar algún detalle si me fallaba la memoria.
Creo que por primera vez vuelvo a releer con atención lo que en su día escribí para ver si me encuentro, si me reconozco en las palabras. Y me siento ajena.
Sin embargo hoy algo me reconecta con el mundo y con aquella yo que solía escribir. Es martes y los niños están de vacaciones en su half term. Hemos jugado toda la mañana y ahora termina de hacerse un cocido casi madrileño en Cambridge. El olor es el mismo, idéntica la esencia que me traslada en el tiempo y el espacio de Carabanchel, Arturo Soria, Santander, Getafe... hasta aquí, muchos años después. Soy yo la madre ahora. En mí ahora el silencio.

Pero decido hablar. Y por primera vez un post sin fotos, solo mis manos al descubierto. Y un poema que llega como un mensaje 70 años después de que él lo escribiese.
Tal vez tenga sentido no callar, tal vez tenga sentido, si él lo pide, perpetuar el instante.



Variaciones sobre el instante eterno

Por qué te olvidas y por qué te alejas
del instante que hiere con su lanza.
Por qué te ciñes de desesperanza
si eres muy joven, y las cosas viejas.

Las orillas que cruzas las reflejas;
pero tu soledad de río avanza.
Bendita forma que en tus aguas danza
y que en olvido para siempre dejas.

Por qué vas ciego, rompes, quemas, pisas,
ignoras cielos, manos, piedras, risas.
Por qué imaginas que tu luz se apaga.

Por qué no apresas el dolor errante.
Por qué no perpetúas el instante
antes de que en tus manos se deshaga.

José Hierro. De Alegría (1947)

martes, 15 de mayo de 2012

El quinto verano











En mi defensa diré que estos cinco días de retraso los he dedicado simplemente a quererle, a jugar con él, a dejarme escalar y perseguirle para comerle el culete, a deleitarme con sus maravillosas historias y a escuchar una y mil excusas de por qué sigue descargándose juegos en el móvil a mis espaldas. Chincha a su hermana, no come nada más que lo que le apetece y día tras día vuelve con el babi en su mochila en vez de dejarlo en clase. Hoy el yogur sin comer y la pelea de todos los días para vestirse porque está que se cae de sueño y en lo que le deja ver el medio ojo que abre siempre hay algo del modelo que he elegido para ese día que a él no termina de convencerle.
Hoy no quiso ir a una fiesta porque el cumpleañero en cuestión literalmente "Me tira pedorretas y no es nada pero nada amigo mío mamá" y claro él, que es muy suyo, iba a estar amargando al personal con su cara de pocos amigos, porque él sólo tiene tres y punto y el resto no le interesan lo más mínimo.
Ya queda poco para el verano, para la piscina, los juegos y todo el tiempo del mundo para dedicarles. Ya queda menos para que termine su primer año de cole y casi no puedo ni creerlo porque hace nada en su segundo verano, daba sus primeros pasos al ritmo de su tetete y hoy le gusta Michel Teló y canta y baila sin descanso María Caipirinha y habla ya casi mi niño como si fuera un niño mayor.
Cada vez todo pasa más deprisa y yo les voy perdiendo un poquito cada día, ganándoles un poquito también cada segundo, haciéndoles parte esencial de mí y de mi mundo, permaneciendo y dejándoles para siempre en la memoria.