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jueves, 31 de julio de 2025

De las estrellas












































Hoy me siento en absoluta paz, un sentimiento de los más placenteros que alguien pueda experimentar jamás. La sensación del deber cumplido. A cero la lista de asuntos pendientes. Un día para dedicarlo a vivir desde la alegría, desde el prodigio de entender lo valioso del tiempo. Lo único que poseemos en realidad en esta vida, porque lo otro, el amor que acumulamos, viene siempre con nosotros, vida tras vida, a lo largo de toda la existencia. Todo pasa, pero todo permanece, somos un árbol milenario guardando en sus anillos las estaciones que, una tras otra, van desembocando en una muerte que no cesa pero que permite a la vez la vida. Así en invierno nos sentimos desnudos, vapuleados por el frío, pensando que la primavera nos ha abandonado. Pero el árbol no se rinde porque recuerda que la primavera sólo es posible tras el invierno y que indefectiblemente vendrá y con ella los pájaros, las flores, las abejas... la vida volverá cuando esté lista para desplegar todo su esplendor. Mientras tanto, enero lo baña en escarcha, el verano ofrece sus frutos, otoño sus colores. Ese es el baile de la existencia, todo hermosamente necesario. Lo que ocurre no es posible sin lo anterior.

Yo bendigo cada paso del camino, cada fragmento de eternidad que me permite ser lo que soy y lo que gracias a ello seré. Me siento más preparada que nunca para que esa paz guíe mi vida y me lleve o me devuelva a las estrellas. 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

La niña poeta



















Les llaman niños poetas porque nacen mirando al cielo, como buscando estrellas que den respuesta a sus preguntas. Y el firmamento es la madre, que les recibe, les abraza, les da la bienvenida y consuela tras el duro viaje. 
Elsa -niña poeta- llegó desafiando lo establecido, a la contra, a las 4:26 de la madrugada del 8 de diciembre. Vi salir su  carita y luego su cuerpecito de apenas 2,800 gramos y 48 centímetros, la abracé, limpié y corté su cordón cuando dejó de latir. Lloró con fuerza y luego, en mi pecho, se calmó.
Han pasado ya diez días desde aquel momento y a estas alturas no dejo de preguntarme de dónde puede salir tanto amor. La miro, la beso, la abrazo y no termino del todo de creerme que ya esté aquí, que sea ella quien respira y late y le da más sentido a mi vida. Ahora que todo pasa tan deprisa, intento apresar cada momento sin conseguirlo, quiero fijar cada instante en la memoria, no perderme nada, pero pasan las horas y lo que ocurre en un momento se diluye en el siguiente. Y ella crece un poco más cada minuto y Naia se ve de pronto enorme y Gael todo un muchachito, y se trastocan referencias, tiempos, prioridades...
No quiero perderme nada, quiero estar siempre para ellos, con ellos, los cinco creciendo, aprendiendo a vivir y mirando juntos, como los niños poetas, a las estrellas.