miércoles, 31 de diciembre de 2025

Kintsugi






































Hace algunos años descubrí con asombro el arte del Kintsugi, una técnica japonesa centenaria que reconvierte la cerámica a través de sus heridas con oro, normalmente, aunque también plata o platino para mostrar el poder de la sanción, de la reparación. A veces, por mas rotas o inservibles que parezcan las cosas, únicamente necesitan ser apreciadas, que alguien vea en ellas un sentido que nadie mas vio. 

No imagino qué llevó a la primera persona que lo hizo a hacerlo. Recoger unos pedazos rotos de cerámica y decidir reconstruirlo y atesorarlo por más imperfecto que fuera, honrándolo de esa manera. Entendiendo el valor mas allá del precio.

Cuando uno es capaz de entender el valor de algo mas allá de su precio, se convierte automáticamente en millonario. Comienza a nadar en la abundancia porque la riqueza está en sus ojos, en su corazón, y lo que sea que mire lo hará apreciándolo sin la necesidad de poseerlo, es decir, de pagar el precio que otros deciden ponerle. Sólo quien entiende el valor de las cosas puede, de verdad, pagarlas. El resto, simplemente hace una transacción de dinero o de tiempo. A cambio de nada en realidad, porque nada obtiene quien paga un precio sin entender el valor de lo que compra. Sea lo que sea que crea que está comprando. 

Comencé el año rompiéndome en pedazos, como si estallara un jarrón que mi estirpe ha conservado durante milenios, para que los siguientes puedan disfrutarlo. Y de pronto yo la rompo, entera, esa cerámica. Despedazada, muerta. 

El Kintsugi me ha enseñado a convertirme en oro a través de mis grietas, a repararme, a recordarme, a volver a apostar por lo que amo, soy y defiendo. Para que los siguientes recojan lo más valioso: entender que uno es lo que ama y lo que honra. Y que merece la pena reconstruirlo las veces que haga falta, aunque acabe siendo algo completamente diferente. 

El resultado es haber podido descubrir no sólo mi belleza y el milagro de la vida de nuevo, sino entender por qué valía la pena conservar ese jarrón y por qué hay que hacer lo que sea por reparar siempre el daño. Las veces que haga falta mientras el recipiente sea lo suficientemente valioso, por más que cambie a través del tiempo.

Lo peor que puede ocurrirnos es que acabemos siendo sólo oro. 

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